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Inigualable: Di María, el flaquito de las 30 pelotas que rompió el molde

di maria en la seleccion argentina

“Lo mejor que me pasó en la vida”. El golazo en la final ante Francia y levantar la tan soñada -y esquiva- tercera Copa del Mundo junto a Lionel Messi y el resto de sus amigos/compañeros ocupa un lugar en el podio de los momentos más emotivos e inolvidables en los 36 años de Ángel Di María, un símbolo de la Selección Argentina. Fideo, el flaquito con alma y talento de crack que regó de gotas de sudor y de gloria cada camino que transitó desde que empezó a patear una pelota en las calles de su barrio de Rosario.

Ese punto de inicio no tiene comparación con nada de lo que sucedió en el resto de sus días para Angelito. Esa infancia lo dejó tan marcado que la lleva esa tallada en su piel. “Nacer en la Perdriel fue y será lo mejor que me pasó en la vida”, dice el tatuaje que el zurdo tiene -no por casualidad- en su antebrazo izquierdo, su perfil hábil. En esa calle rodeada de potreros y piedras que se utilizan como arcos Di María empezó a mostrar que era distinto al resto de sus amigos con la redonda en los pies, una diferencia que quedó registrada en números por primera vez en el club El Torito del barrio El Churrasco, donde Fideo convirtió 64 goles en un año y atrajo a los captadores de Rosario Central, que lo compró por 30 pelotas y modificó el rumbo de ese chiquilín que ayudaba a mamá Diana a cargar las bolsas de carbón que repartía papá Miguel en un ratrojero. Ella, su madre, sería el ángel que llevaría a Fideo en bicicleta todos los días a los entrenamientos.

di maria en la seleccion argentina
Uno de los tatuajes más especiales que Fideo lleva en su piel.

Del ultimátum de su padre al Real Madrid

“Tenés que decidir si vas a jugar o si vas a venir a trabajar conmigo. En un año vemos”. Cuando Angelito acababa de cumplir los 16, en plena adolescencia, su papá Miguel le puso una fecha límite para que lograra su despegue en el fútbol, ya que en ese momento Fideo formaba parte del grupo de Central que competía en la liga rosarina. No jugaba en el torneo de Inferiores de la AFA y cada vez iba menos a la escuela. Su padre, hincha de Newell’s y con un pasado frustrado como futbolistas porque luego de haber quedado en una prueba en River se volvió a Rosario porque extrañaba su hogar familiar y en un picado de barrio se rompió la rodilla al pisar un pozo, en ese ultimátum a su hijo contó con el aval de Diana, de sangre canalla y convencida de que Ángel llegaría a la Primera de Central porque cada vez que pasaban por el Gigante de Arroyito a bordo del rastrojero le tiraba las cartas y le repetía: “Algún día, vos vas a jugar acá”.

Seis meses después de ese momento, se produjo el guiño del destino que marcó el despegue de Di María, casualmente de la mano de otro Ángel, el maestro Tulio Zof, prócer eterno de Central por sus títulos como entrenador en 1980, el campenato 86/87 y la Copa Conmebol de 1995. Cuando lo vio jugar a Fideo en una categoría mayor en la liga rosarina, de inmediato decidió pasarlo al equipo que competía en AFA. Y en apenas cuatro partido Don Ángel le comunicó a Fideo que empezaría a entrenarse con la Primera. Al poco tiempo, el 14 de diciembre de 2005, contra Independiente, faltando 15 minutos, Zof lo hizo debutar por Emiliano Vecchio. Luego, con apenas 36 partidos, en julio de 2007 el Benfica lo compró por 6 millones de dólares.

Mientras la rompía en el fútbol portugués, Di María y la Selección Argentina unían sus caminos con la consagración en el Mundial Sub 20 de Canadá 2007 y en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. En junio de 2010, se produjo el mayor salto de su carrera. Mourinho lo pidió para el Real Madrid para que acompañara a Cristiano Ronaldo en el ataque y Florentino Pérez, presidente del Merengue, se lo compró al Benfica por 25 millones de euros. En la Casa Blanca, junto a CR7, Di María logró un campeonato de la Liga española, dos Copa del Rey, una Supercopa de España y la Champions League 2013/14 más la Supercopa de Europa.

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Fideo y Cristiano Ronaldo, otra sociedad exquisita como la que formó con Messi.

En ese entonces, aún estaba muy lejano su efímero paso por el Manchester United (2014/15), su glorioso ciclo de siete años en el PSG (consiguió 19 títulos locales), la excursión de un año en la Juventus y su regreso al Benfica con un total de 28 vueltas olímpicas a nivel clubes.

Las mujeres de Ángel Di María, el crack de la Selección Argentina

Como si se tratara de un mandato implícito en su apellido, la vida de Angelito siempre estuvo fuertemente vinculado a mujeres que fueron la base y las guías en su camino. La más importante, su mamá, claro, quien lo despertaba cada mañana para llevarlo a los entrenamientos de Central, aunque también su abuela fue un pilar fundamental para Angelito, un amor al que tuvo que despedir a la distancia mientras disputaba la Copa Centenario de Estados Unidos en 2016. Con un gol, lógico, frente a Chile, con dedicatoria especial: “Abuela, te voy a extrañar muchísimo”, decía la camiseta que diseñó entre tanta tristeza y que le mostró al mundo con sus ojos empapados de lágrimas aquel día. “Hoy jugué igual porque si no ella se iba a enojar”, confesó aquel día tan difícil para Di María en la Selección Argentina.

La otra mujer de Fideo, su alma gemela, esposa y madre de sus dos hijas es Jorgelina. La persona que lo sostiene y lo motiva en las malas y que disfruta como nadie los éxitos de Ángel porque ella también sufrió muchísimos los tiempos de críticas, eliminaciones en mundiales y finales perdidas. “Una de las cosas que hago siempre antes de cada partido es llamar a mi mujer para que me dé suerte y después a mi mamá, que es la que me da la bendición”, cuenta el crack zurdo.

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Junto a Jorgelina y sus dos hijas, con la Copa del Mundo siempre presente.

Di María y la Selección Argentina: amor incondicional y goles de campeón

Vestir la camiseta celeste y blanca para representar a la Argentina siempre fue una obsesión para Fideo, un mandato, una especie de promesa que debía cumplir en cada convocatoria con esos amigos del barrio y los vecinos de la calle Perdriel de Rosario. Todo eso tal vez formó parte de su aura ganadora con la Selección, ya que Ángel fue pieza clave en el Mundial Sub 20 de Canadá por su gol a Chile en la semifinal, también convirtió un golazo ante Nigeria para ganar la medalla de Oro en Beijing y en la final del Mundial 2022 contra Francia se sacó todas las espinas en la Mayor con su golazo en el 2-0 parcial y su interminable llanto para festejar luego de sufrir como pocos la dramática definición por penales desde el banco.

El 18 de diciembre de 2022, Di María enterró el dolor de las lesiones musculares que debió tratar hasta con una psicóloga, la final perdida en el Mundial 2014, las dos de Copa América ante Chile (2015 y 2016) y las eliminaciones en Sudáfrica 2010 y Rusia 2018. Ya había vivido un deshogo, una señal positiva, un mimo al alma con su gol frente a Brasil en la final de la Copa América 2021 en el Maracaná. “Nosotros siempre decíamos que queríamos ser leyendas”, se había lamentado Fideo tras la derrota contra Alemania en 2014. Ocho años más tarde, él, Messi y todos los campeones del mundo se convirtieron en leyenda en Qatar y Angelito se empezó a despedir de la Selección a pesar de que cerrará su ciclo en la Copa América 2024.

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