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Sorprendente: Rodrigo De Paul, el arquero fanático de Racing

Pieza clave de la Selección Argentina, te contamos historias que seguro no conocías del volante del Atlético Madrid.

Ya pasaron Nicolás Otamendi y Julián Alvarez por Gloria Eterna, la sección en la que te contamos anécdotas y situaciones poco conocidas de los futbolistas que fueron campeones del Mundo con la Selección Argentina. Esta vez es el turno de Rodrigo De Paul, un que fue pieza fundamental para levantar la copa en Qatar 2022. Un futbolista que también hace ruido con su vida personal, pero que detrás también hay perlitas que no tienen o no tuvieron tanta difusión. Así que pasen, bienvenidos a una nueva lectura para conocer otra cara de nuestros jugadores que ya grabaron su nombre para toda la vida en la historia de la Selección Argentina.

Osvaldo, el abuelo que fue como un padre

Rodrigo es el menor de tres hermanos: Damián es el mayor, luego nació Guido y por último llegó el que sería el más famoso de la familia. Sin embargo, el divorcio entre Mónica y Roberto hizo que la figura paterna perdiera presencia en el hogar. Pero el volante de la Selección Argentina tuvo otro referente que lo marcó en su vida: Osvaldo, su abuelo paterno. Fue él quien lo acompañó mientras daba sus primeros pasos con la pelota, el que le hablaba y lo aconsejaba día tras día. Fue su faro y por eso decidió tenerlo presente para toda la vida: se tatuó su nombre (junto al de su abuela Alicia) en la espalda.

¿Cómo conquistó De Paul a Lionel Messi?

Después del Mundial 2018 y la salida de Jorge Sampaoli, comenzó un ciclo que parecía ser interino, el de Scaloni. El técnico encaró la tan demorada renovación dejando de lado a muchos históricos de la Selección Argentina y dándole lugar a una nueva camada. En las primeras convocatorias no estuvo Lionel Messi hasta que llegó el llamado. Sin el Kun Agüero entre los citados, al 10 lo mandaron a concentrar en una habitación exclusiva, sin acompañante. Y ahí fue donde escuchó el toc toc en la puerta. Era De Paul, que le había pedido a Leandro Paredes que lo acompañara. Lo encaró con el termo, el mate y una charla relajada, como si tuvieran una relación de años. Así, el ex Racing, Valencia y Udinese le llegó a Messi, que lo ungió como su mano derecha y preferido dentro del nuevo grupo de la Selección.

La Copa América y un asado con los pibes de Sarandí

Sarandí es el barrio de De Paul. Allí nació y se crió. A los tres años ya pateaba la pelota en Deportivo Belgrano, uno de los clubes de la zona, donde su mamá era la tesorera. En esas calles conoció a sus amigos, con los que compartió el colegio y a los que no cambió por más medallas que tenga colgadas en el pecho. Está siempre cerca de ellos a pesar de la distancia, los ayuda cuando lo necesitan, los invita a que lo visiten donde está, ya sea en Valencia, Udine o Madrid. Y también los llamó por teléfono apenas levantó la Copa América. “Ya compré la carne, mañana comemos asado allá”, les avisó desde Brasil. Y así fue. De Ezeiza a Sarandí sin escalas para compartir su mayor alegría con la Selección Argentina (hasta ese momento, todavía no había llegado el Mundial…) junto a sus amigos de toda la vida. “Cuando está acá no pasa un día que no te escriba para ver qué estás haciendo, si sale juntada, o te pasa a buscar y vos lo ves de lejos y no lo podés creer”, contó Pablo Hermo, uno de sus amigos, en una entrevista con TN.

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Habitación Rodrigo De Paul, donde duermen los sueños de las promesas de Racing

Rodrigo fue una de las grandes apariciones de la Academia en la década pasada. Desde chico se hablaba de ese pibito categoría 94 que venía creciendo en las Inferiores a fuerza de despliegue, técnica y desfachatez. Racing fue un amor correspondido para De Paul, que cuando estaba para dar el salto del baby fútbol a las Inferiores no dudó ante la consulta de su mamá luego de que Ricardo Bochini le ofreciera ponerle la camiseta roja: “A Independiente no voy”. Llegó a Primera, usó la camiseta número 10, fue ovacionado por los hinchas y tuvo una segunda etapa en Avellaneda, donde lo recuerdan de la mejor manera. No sólo los fanáticos de la Academia sino en todo el club, donde le hicieron un gran reconocimiento: una de las habitaciones de Casa Tita (la pensión) lleva su nombre. “Que los chicos que entran ahora a Casa Tita, vean mi nombre en una puerta, para mí es algo espectacular”, se emocionó el referente de la Selección Argentina.

Mirá que te como, Lechuga

Tal vez sea el dato menos conocido de Rodrigo De Paul. Pero cuando jugaba en las baldosas de Deportivo Belgrano lo hacía con pantalón largo, buzo y guantes. ¡Sí! El campeón del mundo con la Selección Argentina comenzó siendo arquero. Y tenía un apodo que lo decía todo: Lechuga. Lechuga era Carlos Roa, arquero de Racing y también de la Selección Argentina a fines de los 98. De hecho, fue el titular en el Mundial de Francia 98. Y así pidió que lo llamara el locutor de un torneo que iba presentando uno a uno a los chicos que jugaban. “Rodrigo Lechuga De Paul”, se escuchó por los parlantes y apareció él con los brazos levantados. Se revolcaba y no se asustaba de los pelotazos por más que fuese arquero de la categoría 92, que tenían dos años más que él. Pero hacer goles era más divertido y también tenía esa capacidad, por eso no duró mucho tiempo debajo de los tres palos…

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