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Impactante: Marcos Acuña, el campeón que se trompeó con barras

El Huevo es de perfil bajo, pero esconde una fuerte personalidad. Luchador incansable que se hace notar cuando algo no le gusta.

En todas las historias están los personajes principales y los de reparto, ésos que muchas veces también son indispensable para que los otros se luzcan. Sin ellos, la película no podría estar completa. En el fútbol ocurre algo similar. El goleador, el capitán, el 10, el ídolo son los que suelen llevarse las todas las luces y los aplausos. Pero si no los acompañan los que transpiran en voz baja y sin estridencias, difícilmente puedan llegar a la cima. A Marcos Acuña le tocó ser de ese segundo grupo, de los trabajadores, de los luchadores, de los de perfil bajo que siempre hacen falta para lograr el objetivo.

Desde chico debió pelear para ganarse su lugar. Y si hubo algo que no hizo fue agachar la cabeza y bajar los brazos. Aunque muchas situaciones lo ameritaban, persiguió el objetivo y nunca se dio por vencido. Así llegó a ser campeón del mundo con la Selección Argentina. Sin embargo, detrás de esa historia conocida, la de las vueltas olímpicas y las copas, hay otras que por estar en segundo plano no son menos interesante. Más bien, todo lo contrario.

Un robo en Flores que casi trunca su carrera

El Huevo, apodo que lo acompaña desde chico, se destacaba en el Club Don Bosco de Zapala y como le veían potencia, él y su mamá (separada del padre, un padre ausente) se subieron a un colectivo para viajar durante más de 15 horas desde Neuquén hasta Buenos Aires. Sin embargo, las pruebas iban en contra de los pronósticos. A Marcos Acuña lo rechazaron en River, Boca, San Lorenzo, Quilmes y Tigre. Ya estaba para pegar la vuelta cuando le dijeron que podía probar suerte en Ferro. Debió quedarse sólo en la habitación de una pensión en el barrio de Flores.

Las pruebas en Caballito venían bien, pero la vida no. En pocos días, le robaron tres veces y se quiso volver a su casa. Su mamá lo convenció a la distancia para que siguiera intentando. Hasta durmió una noche en un banco de la plaza Flores. Finalmente, Ferro le abrió las puertas. Lo fichó. Y lo que vino después es la historia que todavía sigue escribiendo…

Lejos de los micrófonos para ocultar su incomodidad

Pocos son los que podrían estar sólo escuchando una entrevista y reconocer la voz de Marcos Acuña. El campeón del mundo con la Selección Argentina no es amante de estar delante de los micrófonos o mano a mano con un periodista. Si bien sus compañeros lo reconocen con una personalidad divertida y locuaz dentro de los vestuarios, para afuera es más bien cerrado. Hablar en público lo incomoda. Cuando pasó de Ferro a Racing, donde la exposición mediática era mayor, costaba que asumiera esa tarea. Los miembros del Departamento de Prensa de la Academia luchaban para que el Huevo participara al menos en alguna conferencia de prensa. Hasta parecía tartamudear si se lo ponía en esa situación, que hoy maneja mejor aunque aparece en cuentagotas.

Vestuarios calientes: cara a cara con Milito y los dirigentes

El perfil bajo y ese parecer callado en público contrasta con la versión sanguínea y calentona de Marcos Acuña. Sí se condice con la cantidad de amonestaciones y expulsiones que tiene acumuladas. Y en Racing hubo dos momentos que muchos recuerdan de puertas para adentro. Uno fue en 2014, en un clásico frente a Independiente en el que terminó expulsado después de que Jesús Méndez le diera un codazo que ameritaba una roja. Diego Milito, capitán de la Academia, trató de separarlo del juez que le mostró la tarjeta, pero en el vestuario (durante el entretiempo) le recriminó su accionar. Y lejos de agachar la cabeza, el Huevo se le plantó cara a cara al ídolo y le respondió también a los gritos.

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Ese mismo tono de voz levantó Acuña cuando en 2017 los dirigentes de Racing negociaban y subían el precio de su pase. El volante de la Selección Argentina le hizo un golazo a Colón y después del triunfo los encaró: “¡¡¡¿Qué más tengo que hacer para que me vendan?!!! Sporting Lisboa lo pagó 10 millones de dólares…

Ferro, ese club donde siempre dice presente

El Huevo Acuña es de ésos que no se olvidan de sus orígenes. Y Ferro siempre está presente en su memoria, sobre todo con los chicos que viven en la pensión porque él sabe mejor que nadie qué se siente estar en esa situación, lejos de la familia, persiguiendo un sueño que no se sabe si se podrá cumplir. Por eso, cada vez que regresa a la Argentina de vacaciones, el jugador de la Selección Argentina visita el club y deja algún regalo.

Los pibes de las Inferiores han recibido de su parte desde canilleras y botines hasta entradas para ir al Monumental a ver al equipo de Lionel Scaloni. También en alguna oportunidad organizó un asado en el club para charlar y compartir experiencias con los chicos de la pensión.

han recibido de su parte desde canilleras y botines hasta entradas para ir al Monumental a ver al equipo de Lionel Scaloni.

Un gesto que fue una caricia al alma de un amigo

marcos acuña Un gesto que fue una caricia al alma de un amigo

Fabián De Ciria es un fotógrafo profesional, pero antes que eso, un amigo de Marcos Acuña. Fanático de Racing, una foto que le sacó en pleno festejo del título de la Academia en 2014 fue el punto de partida para la relación entre ellos. Hace dos años, en plena pandemia, vivió el momento más difícil de su vida, que fue el suicidui de su hija Luz. El Huevo y su familia fueron de los primeros que se comunicaron para acompañarlo a la distancia, como obligaba el aislamiento en ese entonces. Justo estaba por arrancar la Copa América 2021. “Luz te va a acompañar desde arriba. Pedile que ella te va a ayudar”, le dijo Fabián, con todo el dolor en su alma, al Huevo.

Acuña le rezó y le pidió ayuda todas las noches durante la competencia. Y antes de la final frente a Brasil se puso una remera especial debajo de su camiseta celeste y blanca. Soñaba con un gol suyo en el Maracaná para mostrársela al mundo. No se dio ese festejo, pero sí el título. Y ahí fue cuando aprovechó para recibir la medalla y besar la copa con la remera blanca, una mariposa naranja y esas tres letras que fueron una caricia para su amigo: Luz.

A las trompadas con los barras en Portugal

Uno de los momento más complicados en la carrera de Marcos Acuña fue en mayo de 2018. Ya hemos hablado que su perfil introvertido hacia afuera no coincide con lo divertido y contestatario que es hacia adentro. Y en Lisboa vivió una situación muy difícil, que cualquiera podría haberse quedado duro, pero él reaccionó fiel a sus convicciones.

El equipo no andaba bien y los barras fueron a visitar al plantel al campo de entrenamiento. Luego se sabría que no fue una decisión sólo de ellos sino que la había motivado el propio presidente del club que les liberó la entrada. Acuña y Rodrigo Battaglia, otro argentino, fueron dos de los más apuntados. Pero el más buscado era Jorge Jesús, el DT. El Huevo no se quedó sentado sino que primero participó del cruce verbal que luego se transformó en físico. Y ahí fue. A las trompadas. Dio y recibió casi que en partes iguales. Claro que después de eso, sus días en Portugal no fueron fáciles. Aunque el club fue un polvorín, cambió la directiva y se encarilló la situación. Fue campeón de la Copa Portugal a mediados de 2019 y un año después partió hacia Sevilla.

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